Reflexiones oniricas
Las gotas de sudor emanaban de su frente. Las sabanas se le pegaban a la piel. Eran las 2 de la mañana y nada podia intentar para conciliar el sueño. Con este calor, las propias ovejas se derretian. El cigarro se consumia, y el humo se llevaba con el la posibilidad de tener una noche apacible. En su pequeño reducto de su habitacion, donde conseguia evadirse del mundanal ruido, tecleaba sin cesar pensamientos. Incompletos muchos de ellos. Y sin sentido el resto. No sabia porque lo hacia. Pero algo habia que hacer, para ocupar su cabeza, aburrirse, y caer en estado onirico por agotamiento, ya sea fisico o mental.
Tras la ventana, la calle, ruidosa por costumbre, permanecia agazapada en la sombra, alumbrada por una farola en buen estado, y otra parpadeante. El ruido del cigarro arrojado desde el cuarto piso, al contactar con el suelo, hacia estremecerse al silencio. No soplaba ni una brizna de brisa. El bochorno se hacia insoportable.
¿Que seria de el si viviese en el sur? No lo sabia. Ni le importaba siquiera. Santander era su pueblo. Alli se desenvolvia bien, con fluidez. Conocia a la gente por sus gestos, su manera de hablar y su procedencia. No eran necesarias las ruedas de reconocimiento para entrar en un bar. Siempre habia la misma gente en todos. ¿Rutina? Pues si. Y estaba agradecido. La rutina no era algo que le disgustase. Es mas, le relajaba, porque sabia en que momento iba a disfrutar, en cual aburrirse, en cual gastar dinro, y en que momento irse a casa. Nunca le gustaron en demasia las sorpresas. Porque nunca sabia si son para bien o para mal. Era feliz con su copa en el Tekila´s, sus cigarros, y la seguridad que se obtieneal saber el precio exacto, y la cantidad de gente que habra dentro.
No es que le molestase la gente, pero desde luego, si podia evitar el borreguismo, estaba mas tranquilo. En muchas ocasiones no compratia opiniones, ni deisiones. Las opiniones no es que importen. Al fin y al cabo, no son mas que temas de debate, que bien llevado, podia hacerle entretenido hasta una noche completa. Pero en el tema de decisiones, no se sentia muy a gusto teniendo que acatar ordenes de gente de su mismo nivel. Por ese motivo, no frecuentaba en exceso los lugares de peregrinacion saturninos de todo el colectivo joven santanderino. Aparte de caro, solia haber disputas por los motivos mas insustanciales imaginables. Desde mirar mal a alguien, hasta rozar con el hombro, o el simple hecho de que el camorrista de turno tenga mas de un gramo de droga ingerida via nasal. Mal asunto.
La cajetilla se le terminaba, y con ella, las ganas de seguir haciendo acopio de fuerzas para aporrear el teclado de su ordenador. El sueño y el cansancio hacian mella, y decidio dejarse llevar. Las ganas de volver al campo de futbol para ver a su equipo parecia una buena idea inicial para comenzar a pensar.
Y la barca fue llevada por las corrientes, hasta la mañana siguiente.